Durante el pasar de los años he aprendido de mis errores y de este modo formarme como persona, una persona tal vez no muy madura aun, pero con la capacidad de darse cuenta de la mayoría de errores que comete y de estos disculparse si involucran a otra persona.
Generalmente mi ego suele ser muy fuerte por los distintos comentarios que la gente hace hacia mi actitud y personalidad, de los cuales me siento orgullosa y muchas veces quisiera que otras personas notasen también estos aspectos y no se queden solo en lo superficial de mi cara angelical, o de bebé como dicen algunos.
La persona que hoy demuestro ser y que puede que sea, es una persona que ha sufrido mucho, pero lo ha hecho porque ha querido hacerlo.
Si me pongo a pensar en todos mis errores y todo lo que he llorado tras una desilusión, no acabaría jamás, ya que lo más común en mí es atarme a la pareja que tenga, que generalmente solía tratar como algo más, como mis futuros esposos o como mis novios; cayendo luego en una ligera depresión cuando la relación acababa.
Quizás con el primero no lo sentí mucho, puesto que fue una relación corta y nada comprometedora de casi un mes, pero el siguiente duró 16 meses, es decir, año y cuatro meses; algo largo para ser una relación que comenzó cuando tenía 14 años.
Con el tercero, la relación duró 8 meses y esta relación si que fue ilusionada y apresurada, tanto que el matrimonio no era un tema lejano sino una realidad comentada día a día desde el segundo mes.
El cuarto aun sigue siendo mi enamorado y por el momento vamos 3 semanas y 2 días, casi un mes, con el cual a pesar del poco tiempo de relación que llevamos ya ha marcado una gran diferencia en mí.
Pero a pesar de haber sufrido con cada uno de ellos (excepto con el primero que como dije, no lo noté) me han enseñado muchas cosas y han moldeado mi carácter, haciéndome madurar.
Con el primero aprendí a que ser enamorados significa más que esconderse en los recreos por miedo a que nos molesten y sobre todo que implica más que solo besos y abrazos cortos, significa salir, hablar, conversar, divertirse juntos y sobre todo tratar de hacer feliz al otro, o que pase un buen momento.
Con el segundo aprendí de todo, desde que uno no puede modificar sus gustos para tener algo en común con la pareja, hasta que lo que uno más quiere, viene con paciencia, perseverancia y sobre todo actitud y estar dispuesto a que lo bueno ocurra, teniendo en cuenta que será difícil lograrlo; pero no imposible.
Del mismo modo aprendí también la maldición que posee el ilusionarse, que a penas uno empieza a pensar en un evento o un acto que puede que pase y discretamente se comienza a ilusionar, todos los planes se destruyen de la noche a la mañana y nada más queda, dejándonos en claro que las decisiones futuras y los eventos próximos vendrán como tengan que venir y no como queramos que vengan.
La debilidad del ser humano: la impaciencia.
Con el tercero aprendí que la ilusión jamás será buena.
El pensar que uno ama a alguien puede que sea bonito, pero uno nunca sabe si es verdad lo que siente.
Si la relación termina al día siguiente, se cuestionará si en verdad lo amó y de ahí viene la depresión y la negación por un tiempo hasta que uno decide recuperarse y preocuparse más por si.
También aprendí que los hombres deben tener amigas y amigos y no dedicarle el tiempo completo a la enamorada como si fuese su esposa o novia, lo entendí cuando ya había sido muy tarde.
El cuarto puede que sea hasta ahora el que más rápido me haya impactado.
Estoy aprendiendo que el tiempo se puede ir en un segundo y uno jamás debe hacerse planes futuros con la pareja que tenga, porque si al día siguiente terminan o ya no se siente lo mismo que antes, esos planes futuros serán los que mas destruyan, porque ahora no hay con quién completarlos o que hacer con ellos y al momento de recordarlos, uno recordará también los buenos momentos con nostalgia, cuestionándose lo que en realidad pasó y los errores que cometió.
Lo más importante que aprendo es que el amor no viene así no más y que la palabra "te amo" lleva consigo una carga muy fuerte de sentimientos y no puede ser usada en cualquier momento, sino en uno que en verdad sea necesario y cuando uno en realidad lo sienta; no decirlo rutinariamente ni cuando uno cree sentirlo, sino cuando uno esté seguro de ese sentimiento.
Pero lo más importante que me han enseñado todos, es que los acontecimientos de la vida son momentáneos y que en cualquier momento pueden desaparecer.
Lo que uno siente hoy no significa que también lo vaya a sienta mañana; es una lucha constante entre los sentimientos y la razón, por eso hay que disfrutar de los días en los cuales estemos felices y satisfechos y en los días malos acordarnos de estos días buenos para intentar mejorarlos.
Saber que soy ahora una persona que piensa y analiza un poco más las cosas antes de hacerlas, me hace sentir afortunada, saber que la ilusión es mala y por lo tanto procurarme no ilusionarme, me hace sentir que puedo lidiar con varios acontecimientos sin preocuparme por si se cumplen o no; dejando todo en manos de Dios, intentar seguirlo y saber que la vida traerá algo bueno al final si uno vive pensando en el presente, apoyándose en el pasado y construyendo el futuro día a día.